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Trabajo de ensueño

Otra vez tarde —pensaba—, ¡otra vez tarde! ¡maldita sea!

Parecía que ese día nadie trabajaría aparte de él. Calles y callejones se encontraban desiertos, sin señales de peatones o autos que circulasen. Las únicas personas que podían verse se encontraban dentro de los pequeños locales, encerrados tras vidrieras que exhibían productos y servicios inalcanzables. El mundo estaba loco, y Fabio se preguntaba por qué demonios los locales no tenían puertas.

Aunque daba igual. No prestaría atención a detalles sin importancia. Lo único que importaba en ese momento, era llegar tiempo a su trabajo y seguir avanzando diez metros con cada zancada; nada fuera de lo común. Si hubiese querido habría saltado las casas para acortar el camino, pero desconocía completamente lo que había al otro lado. Tal vez era mejor seguir el camino que se abría solo y que por algún motivo, algo en su mente le decía que lo llevaría a su destino.

—¡Fabio! —le gritó una chica desde el otro lado de la avenida.

Fabio se det…
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